EN LA CASA DEL POBRE
EN LA CASA DEL POBRE
hasta la soledad tiene hambre
Los balcones lucen descuidados
las cortinas resisten la inclemencia del sol
soportan los duros inviernos
y las caídas de luna en sus pliegues de amarillenta palidez
Los niños juegan a la mesa
a la mamá que sirve la comida que se comen los pájaros
En sus ojos hay ojeras de madrugadas espantosas
de pesadillas absurdas donde la vida vale un plato de espaguetis
Las sillas respetan la carencia de horas mendigas
- sillas flacas, desdichadas, donde se sientan las sombras
de sus almas-
Benditas sombras
benditas sobras que no sobran
y el perro ufano
triste de alborada con pulgas
de huesos a tiempos muertos
desanda como un fantasma
por entre la mirada de sus amos
persiguiéndose la cola
en el refugio de estrellas solitarias
que le asignó la vida
En la casa del pobre
hasta la tristeza tiene hambre...

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